El castillo Vogelod


Arthur Conan Doyle y las Hadas de Cottingley

"La ciencia victoriana hubiera dejado un mundo duro, limpio y desnudo como un paisaje lunar". Arthur Conan Doyle en su libro The Coming of Fairies - 1921

Arthur Conan Doyle y las hadas, foto

Las hadas pertenecen a un mundo de leyenda y fantasía donde existen pequeños seres con forma humana que se ocultan de los humanos y que de forma esporádica suelen aparecérseles a algunos de ellos. No mucha gente es consciente de que hay una gran cantidad de testimonios de personas fiables e incluso fotografías que sugieren la posibilidad de que los cuentos de hadas no son tan absurdos como pudiera parecer.

Una de estas personas que se creyó las historias de hadas fue Arthur Conan Doyle, escritor inglés creador del detective Sherlock Holmes, además de ser también un escritor de novelas de terror, de libros referentes al espiritismo o la historia. Con Doyle, comenzó la era moderna de la investigación científica de las hadas.

Doyle se convirtió en el líder del movimiento espiritista en Inglaterra. Su hijo murió en la Primera Guerra Mundial y como muchos otros padres desconsolados buscó en el espiritismo el alivio de su pena. Proclamaba haber hablado con su hijo muerto unas seis veces. Un íntimo amigo de Doyle, el famoso mago y escapista Harry Houdini, era un escéptico completo en relación al fenómeno espiritista y consideraba a Doyle un crédulo en la materia. Houdini, como maestro indiscutido de la magia, no se dejaba engañar por trucos y juegos de manos de aquellos que se calificaban a sí mismos como "mediums".

La amistad entre Doyle y Houdini se resintió mucho por los diferentes puntos de vista de cada uno y con el tiempo se rompió por completo. Pero una vez que la mente de Doyle se "abrió" a la posibilidad de un nuevo e insospechado reino de la existencia más allá de la física, comenzó a considerar la posibilidad de que otras criaturas no físicas, además de los espíritus, pudieran deambular por el universo. Las primeras de estas criaturas fueron logicamente las hadas, alimentadas por la leyenda y la literatura.

Doyle comenzó una nueva investigación sobre las evidencias de la existencia de las hadas y descubrió que personas fiables, no sólo en épocas olvidadas sino también en el siglo veinte, habían testificado que habían visto de cerca pequeñas criaturas voladoras que no medían más que unos pocos centímetros. No había motivo, según Doyle, para suponer que estas personas pudieran haber inventado sus testimonios. Tan convencido estaba que escribió un artículo para la revista Strand titulado La evidencia de las Hadas (The Evidence for Fairies).

"Por una curiosa coincidencia, si es en efecto una coincidencia, de una forma totalmente inesperada, llegó a mis manos una prueba concluyente de la existencia real de las hadas" Arthur Conan Doyle.

A través de la ayuda de varios amigos y conocidos miembros de la Sociedad Teosofica (una secta mística que proclamaba tener conocimientos esotéricos y que creen en la realidad de las hadas) Doyle consiguió copias de dos fotografías, aceptadas como auténticas, de hadas. Se decía que dichas fotografías habían sido tomadas por dos niñas en la aldea de Cottingley, en Yorkshire. Elsie Wright tenía trece años en 1917, cuando se hicieron las fotografías, y su prima Frances Griffith tenía diez. Frances vivía con los Wright mientras su padre estaba con las fuerzas británicas en el continente.

Foto de Frances y las Hadas

Frances y las Hadas

Doyle obtuvo las copias de las fotografías del hada gracias a Edward L. Gardner, un miembro del comité ejecutivo de la Sociedad Teosofica. Curiosamente, la señora Wright, madre de Elsie, también era "lectora de las enseñanzas teosoficas y había obtenido un gran beneficio espiritual de las mismas". Las enseñanzas teosoficas proclamaban que las hadas eran reales.

"Jamás he perdido de vista el hecho de que es una coincidencia muy curiosa que un suceso tan único se haya producido precisamente en una familia en la que algunos de sus miembros ya tenía inclinación por el estudio del ocultismo" Arthur Conan Doyle.

A pesar de estas palabras, Doyle no pareció mostrarse suspicaz. Las dos niñas decian que cada vez que salían al campo, veían a las hadas. Según los Wright, Elsie convenció a su padre para que les prestara su nueva cámara y demostrarle que había hadas en los arroyos y prados de Cottingley. Tenían que ir solas, pues las hadas no se mostraban si había algún extraño presente o si faltaba alguna de las niñas. Estas regresaron con una fotografía, que tras ser revelada en el cuarto oscuro del señor Wright, mostró una imagen: la que se conoce como Frances y las Hadas. Unas semanas más tarde, las niñas conseguirían otra fotografia, la llamada Elsie y el Gnomo, donde se veía a una diminuta criatura alada, de unos treinta centímetros de estatura, con un cuello isabelino, un pequeño sombrero de copa puntiaguda y con una flauta.

Elsie y el gnomo, foto

Elsie y el gnomo

Doyle consideró válida la evidencia fotográfica de las hadas y la presentó al mundo en un artículo de la revista Strand en la navidad de 1920. Las fotografías causaron gran sensación tanto en Inglaterra como en el extranjero. Hubo escépticos. Los críticos decían que Elsie había trabajado durante varios meses en un estudio de fotografía de Bradford y por ello había tenido oportunidades para aprender los trucos fotográficos. Además, en la fotografía Frances no mira a las hadas, sino a la cámara. Edward L. Gardner tiene una explicación para esto: Frances había visto a las hadas casi a diario mientras que era la primera vez que se enfrentaba a una camara.

Frances y el Hada Saltarina, foto

Frances y el Hada Saltarina

Doyle le insistió a Gardner para que las dos niñas intentaran conseguir más fotografías de hadas. Pero las jóvenes ya no vivían juntas y las hadas no aparecían a menos que ambas estuvieran presentes. Se reunieron de nuevo ese mismo año, 1920, a finales de la última quincena de agosto. Hicieron tres fotografias más. Una muestra a Frances y el Hada Saltarina. La segunda un Hada ofreciendo un ramillete de campanulas a Elsie. Una vez más, la niña no mira directamente al hada, segun Gardner porque "si el hada está inmovil y es consciente de que la miran, entonces el espíritu natural generalmente se retrae y como consecuencia desaparece". La tercera foto muestra a las hadas tomando el sol, que Doyle considera la prueba mas convincente.

Hada ofreciendo un ramillete de campanulas a Elsie, foto

Hada ofreciendo un ramillete de campanulas a Elsie

Otro investigador de fenómenos físicos, el británico Fred Gettins, descubrió en un libro de cuentos y poemas titulado Princess Mary´s Gift Book, publicado en 1915, un dibujo que representaba figuras femeninas que bailaban, ataviadas con túnicas, flotando en el aire, cuya apariencia coincidía exactamente con las de las hadas de Frances, pero sin alas. Son tan parecidas, que no hay duda de que tres de las cuatro hadas de Frances y las Hadas fueron tomadas de este libro. Gettins sugiere que las niñas copiaron los dibujos, añadieron las alas, clavaron las figuras de hadas en la hierba y las fotografiaron.

Hadas tomando el sol, foto

Hadas tomando el sol

Después de que el artículo sobre las hadas de Cottingley apareciera publicado en Strand, una ola de avistamientos de hadas sacudió toda Inglaterra, y otras partes del mundo. Doyle estableció una oficina donde las personas podían relatar sus experiencias sin preocuparse de recibir una publicidad no deseada. Al igual que ocurrió tras el estreno cinematográfico de Encuentros en la tercera fase (1977) de Steven Spielberg, unos cincuenta y siete años más tarde, muy pocos avistamientos nuevos de hadas se generaron despues del artículo de Doyle, pero en cambio, numerosos avistamientos viejos de hadas "fueron sacados del armario", ahora que por fin se los podían contar a alguien.

La película

En 1997, el director Nick Willing, dirigió y escribió el guión de Fotografiando Hadas (Photographing Fairies) basada en esta historia de las Hadas de Cottingley. A pesar de no seguir estrictamente lo acontecido a principios de siglo, es una película que nos acerca a esos momentos en que Elsie Wright y Frances Griffith realizaron las famosas fotos.

El protagonista es un ex-soldado de la Primera Guerra Mundial y fotógrafo, que perdió a su amada en un accidente en la nieve. Amargado, un día descubre la historia de las hadas. Conoce además a Arthur Conan Doyle. Tras examinar una de las fotos de cerca, decide ir a Cottingley a conocer personalmente a las jovenes y a intentar, si puede ser, fotografiar a las hadas.

A diferencia de lo acontecido en la realidad, donde quedó demostrado que todo fue un engaño ideado inocentemente por las jovenes, en Fotografiando Hadas se muestra como algo que sucedió en realidad, y que las niñas vieron y fotografiaron realmente a las hadas. Como película fantástica logra su resultado, pues es muy simpático y diría casi enternecedor ver a las hadas revoloteando por el bosque, además de desarrollar una historia entretenida, con mucho transfondo sobrenatural y dramático y bien interpretada.

Pero lo mejor de la película es su dosis de fantasía. Este mundo real, como se mostró en el caso verdadero, no es tan fastuoso, sino tramposo. Arthur Conan Doyle, a pesar de pecar de ingenuo, es justo reconocerle su honestidad ante algo en lo que él creía firmemente. Y aunque está demostrado que sus aficiones sobrenaturales surgieron para aliviar el dolor por la pérdida de su hijo ¿a quien le amarga un poco de felicidad? Doyle la obtuvo de esta forma y se la dio a muchos lectores.