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Dracula (1958)Inmediatamente cambiamos de escenario y nos topamos con un enorme letrero de una posada en el que se representa una hermosa llave. Este cambio tan brusco no nos da ni a pensar en lo que acabamos de presenciar, que no es moco de pavo, si tenemos en cuenta el protagonismo que Harker tiene en el libro y el papel de héroe romántico que hasta ese momento le brindó el cine.
Sin embargo es en la de Fisher donde claramente cambiamos de protagonista y asistimos a un nuevo concepto de héroe, pero que es exactamente un héroe. Cuando aludimos a esta palabra nuestra mente evoca a un colega que preferentemente esta de muy buen ver, es joven y se dedica a proteger a todo el mundo, es un modelo a seguir por los hombres y a su vez enloquece a las mujeres (un concepto bastante machista que ha ido evolucionando pero sobre el que no haré ningún comentario más). Pues bien esto también se rompe. Puesto que el destino de Harker se ha troncado, su papel ha de ser representado por otro personaje, en este caso el Dr. Van Helsing, quien no cumple precisamente toda esa serie de requisitos a los que he aludido. Volviendo a la peli, habíamos dejado al viajero frente al posadero. Este lo saluda y le pide coñac. A continuación se presenta y le pregunta por el paradero de un amigo suyo llamado Harker que había tenido que pasar por allí hace unos días y que de hecho le había mandado una carta. Toda esta información es recibida por el posadero con cara de desgana y mal fingido desconocimiento, negando todas las afirmaciones de su cliente hasta que cuando muestra la carta, la camarera que está escuchando, interviene para dejar mal a su jefe afirmando que había estado allí y que ella había mandado la carta. En este punto se tiene que callar, ante el enfado del individuo que tiene por jefe, y este aprovecha para mandarle que se quite de en medio trayéndole la comida al recién llegado. En esto que Van Helshing, fijándose en la original decoración del lugar, compuesta por unas ramas de flor de ajo, le pregunta sobre las mismas, afirmándole que si el trabajo que estaban realizando su amigo y él daba resultado ya no tendrían nada que temer, a lo que el otro se limita a decirle que le servirá como buen posadero pero que no le dirá nada más. Visto lo cual y ante la nueva intromisión de la joven camarera con una bandeja de comida, se sienta en una mesa donde la susodicha, además de darle la comida le dice, descubriendo debajo de una servilleta el diario de Jonathan, que lo había encontrado en el cruce de caminos y que aunque le habían dicho que lo quemara, ella se negó porque su amigo le caía bien y era buena persona. Apto seguido desaparece antes de que Van Helshing pueda preguntarle algo más. La siguiente escena nos traslada de nuevo al cruce de caminos del castillo pero desde otro ángulo. En el mismo momento que Van Helshing baja de su carruaje y se dirige a la entrada del puente, sale a toda pastilla otro carruaje que transporta un ataúd blanco. Nuestro buen doctor tiene que apartarse para no ser arroyado y lo sigue con la mirada un momento para volver a encaminarse hacia el puente y penetrar en el castillo. Una vez en su interior empieza a llamar a su amigo adentrándose por las distintas dependencias del castillo hasta llegar a la habitación del supuesto bibliotecario, que se encuentra como si se hubiera librado en ella una batalla campal. No es de extrañar puesto que ha pasado el terremoto del conde. Nuestro amigo empieza a dar vueltas buscando, ni él sabe que, hasta que le llama la atención un objeto desperdigado en el suelo. Se trata del portarretratos de la novia de Harker, sin fotos y con los cristales rotos (por cortesía de las buenas maneras de nuestro amigo el Conde) conservando un trozo de una de las fotos. Visto lo cual el doctor ya empieza a preocuparse por la suerte de su amigo pero no cesando en su empeño decide continuar la búsqueda y llega a dar con la cripta del castillo donde Harker había metido la gamba hasta el fondo. Una vez dentro se encamina hacia el sarcófago de la mujer vampiro comprobando que al menos eso se había hecho bien, pero al darse la vuelta descubre el sarcófago donde yacía Drácula y al asomarse para ver que careto se encontraba allí descubre con dolor que es Jonathan convertido en vampiro, por lo que tomando una estaca y un martillo que encuentra tirado en el suelo, decide acabar con él. En esta ocasión no se nos presenta la escena completa, lo suponemos por la firme decisión con que coge ambas cosas y mira a la víctima, y es que esa escena nos espera más adelante. Pero no adelantemos acontecimientos, porque de nuevo con la rapidez de un rayo cambiamos de escenario y nos encontramos a Van Helshing sentado en el salón de una casa victoriana dando explicaciones sobre el trágico final de Jonathan a un matrimonio que resultan ser el señor Arthur Holmwood y la señora Mina.
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