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El ataque de los clones (Star Wars: Episode II - Attack of the Clones) 2002Director: George Lucas. Por Maria Covadonga Bien, por fin fui a ver el blockbuster de la temporada, con permiso de Spiderman, Harry Potter y la segunda parte de El Señor de los Anillos y la verdad es que no salí nada decepcionada del cine. Y no salí decepcionada porque esperaba una mala película y eso fue lo que encontré. No hay nada como ser pesimista para no llevarse chascos. Pero vayamos por partes. En primer lugar, ya me dio mala espina que no hubiera mucha gente esperando delante del cine un cuarto de hora antes de que abrieran las puertas. El día que fui a ver El Señor de los Anillos tuve que esperar una larga cola, y con Harry Potter, lo mismo. Antes de apagarse las luces comprobé que quedaban bastantes filas vacías. Con las películas mencionadas anteriormente, el cine se llenó y eso que habían ya pasado bastantes días del estreno. Pero El Ataque de los Clones solo llevaba 3 días en cartel, y no había gente suficiente. Ni siquiera era una sesión numerada. Mi hermana, que ya había ido a verla el sábado, también me había comentado con sorpresa la existencia de huecos en la sala. Me parecía increíble. Pero después de haberla visto ya entiendo por qué. Argumento Después de los títulos ya nos plantan un resumen de la trama con las típicas letras en perspectiva que se van alejando. Ahí ya hablan de un tal conde Dooku, que se quiere secesionar junto con miles de sistemas solares (sí, han oído bien, miles), de la Amidala que pasó de ser reina para hacerse senadora, y de los deseos del Senado de construir un ejército para defender la República de los separatistas vascos, quiero decir galácticos.
Se llevan a Amidala a su apartamento y como está muy cansada por las emociones del día, se echa a dormir. El robot R2D2 (que no es que tenga dos dedos sino es que se llama así) la vigila, no muy bien como veremos. Un avieso tipo vestido con una armadura y un casco le entrega, en otro lugar de la ciudad, directamente sacada de Blade Runner o de El 5ª Elemento, o apurando más, de Metrópolis, a una mujer, con pintas de ser mala, un frasco con asquerosos y ponzoñosos ciempiés, con el encargo de que se los suelte a la senadora. La mujer mete los bichos en un robot volador muy funcional, que mientras Anakin y Obi-Wan hablan de futilidades en otro cuarto, hace un agujero en el cristal del dormitorio y mete los gusanos con patas. Como es lógico en este tipo de películas, el robot que vela por el sueño de la dama es imbécil y no ve nada; y como también suele suceder, con todo el espacio que hay en la habitación, los venenosos visitantes van directos a la cama de la víctima. Es entonces, justo cuando los bichos están a punto de rozar la delicada piel de la chica, cuando Anakin y su maestro detectan 'algo'. Como de costumbre, en el último momento, pero justo a tiempo. Entran a saco en la habitación y con la espada láser rebanan a los ciempiés. Pero no queda ahí la cosa. Obi-Wan ve a través del cristal al robot volador no identificado (o RVNI) que les ha hecho la faena, y ni corto ni perezoso afrenta a la ley de la gravedad y a las elementales normas del sentido común y se lanza contra la ventana para agarrarse a él. Y se agarra, vaya que sí, como una lapa. Como que el ingenio volador sale pitando por toda la ciudad con el jedi colgando, mientras Anakin va a buscar un Ferrari al mejor estilo de los amigos de lo ajeno para ayudar al jefe. Y entonces se inicia una persecución de risa donde queda demostrado que si ahora es difícil sacarse el permiso de conducir en el futuro aún será peor. Porque la ciudad, amiguitos míos, tiene un tráfico que te mueres, y no dejan de pasar naves de un lado a otro, sin chocar, sin rozarse siquiera, y muy cerca las unas de las otras. Y así Kenobi colgando del cacharro y el otro en el coche volador persiguen a los malos, sin que el miedo, emoción lógica en su caso, aflore en sus inexpresivas caras, y sin que las quejas de los conductores de diversas formas y colores les amilanen. Ahora hay una parte que no recuerdo bien, pero de un modo u otro, el Obi-Wan cae del robot y parece que se va a quedar hecho un cromo contra el suelo, cuando, también de repente, aparece el chico aprendiz de Jedi y lo rescata con su deportivo. Naturalmente, intercambian un diálogo atroz plagado de frases archimanidas como '¿cómo has tardado tanto?' y 'mi jovencísimo aprendiz', frase, esta última, que Obi-Wan repite como la cebolla. Bien, pues siguen detrás de la mujer mala, que no es una mujer, sino un 'cambiante' (no, no queremos decir que cambie de sexo, sino de cara, porque en realidad es otro de esos bichos asquerosos que pueblan las enfermizos sueños de George Lucas). En fin, que de buenas a primeras, se les despista la asesina, y a Anakin no se le ocurre otra mejor que tirarse del coche ese al vacío, con tan buena suerte (La Fuerza, que todo lo justifica) que cae sobre el vehículo que nos interesa. Y entonces Ewan McGregor, u Obi-Wan, para gustos, con esa cara rígida que le impide toda expresión que no sea tan forzada como una sonrisa de la Duquesa de Alba, dice otra frase tópica hasta el hastío: 'Odio que haga eso'. En fin, que entre unas y otras, hacen que la mala aterrice, y la persiguen hasta un night club poblado por ya se pueden imaginar cuanta fauna galáctica; la buscan entre tentáculos y caras verdes y ojos saltones, hasta que la agarran por fin, no sin antes permitir que Obi-Wan haga una de sus gracias típicas de convencer a un vendedor de droga de que debe replantearse su vida mediante la Fuerza. Cuando la sicaria va a hablar, un dardo envenenado nos priva del conocimiento de quién la contrató. Hay una pelea (creo, porque ya a estas alturas y después de tantas imágenes estoy confusa) con el de la armadura, que no obstante ser el malo, logra escapar. Por fin acabó la persecución de videojuego.
El canciller Palpatine le pide a Anakin que se lleve a la Amidala a un lugar seguro. Palpatine parece tener buenas intenciones pero todos sabemos que el hipermalo de la historia y que acabará convirtiéndose en el Emperador, megavillano de la galaxia. Pero fingimos que estamos en Babia para conservar la intriga que esta serie no tiene, ya que desde hace años es sabido como termina. Así que el Anakin, que, por cierto se comporta con una chulería y un engreimiento insoportable, se lleva a la senadora al planeta Naboo, o sea a su patria chica. Ella tiene una mini maleta pero, como comprobará el avistado espectador, en cada escena en que aparece estrena un modelito distinto. ¡Ni el bolso de Mary Poppins! Y entonces llega lo peor. La estancia en el bucólico planeta. Primero pasamos por la capital, que es la Plaza de España de Sevilla, un poco retocada digitalmente, aunque cuando pasean bajo el soportal se nota que no es decorado, ni dibujo sino cosa auténtica, algo que choca entre tanta artificialidad absurda. Luego, nos vamos a un laguito muy romántico y los protagonistas sueltan todo tipo de sandeces. Por si fuera poco, nos obsequian con un picnic entre algo parecido a las cataratas del Niágara, donde tiene lugar la demostración de la chapuza de los FX de Lucas, tan alabados por gente que se asombra por todo. El Anakin para hacer alardes, se sube encima de una pulga gigante que pacía por allí y se nota un montón que es un muñeco. Un desastre de escena y encima cursi. Mucho mejor es cuando delante de la chimenea él le confiesa a la joven que le ocurre algo muy raro, que hay algo en él que cada vez que se acerca a ella crece, más y más (Risas maliciosas entre el público) Pero no nos olvidemos de Obi-Wan, que sigue con sus difíciles investigaciones para saber quien se quiere cargar a la senadora. Investiga en una taberna, donde un posadero de extraña raza y sucio delantal le informa con pelos y señales de cosas que ni los Jedis saben, pero él sí, por supuesto. El dardo proviene del planeta Kamino, en el borde la galaxia (indicación harto precisa), donde viven los Clonadores (por fin, alusión a los clones) Con estos datos, el jedi se va a una Biblioteca supercósmica, pero inexplicablemente no encuentra el planeta en los mapas del universo, aunque en el cuadrante indicado parece haber una perturbación magnética que denota la presencia de un objeto. Y va y se lo cuenta a Yoda, que saca en conclusión, no en vano es un maestro, que si no aparece el planeta en el mapa eso es que alguien lo ha borrado de la base de datos, cosa que extraña, porque ya de borrar, haber quitado también las informaciones sobre la perturbación magnética, para no dejar rastros. Los malos, siempre cometen los mismos errores. Naturalmente, aunque no se explica por qué, se deduce que la persona que hizo tamaño desatino a la fuerza ha de ser un Jedi. La cosa se pone fea. Habrá que ir al planeta de marras a ver que se cuece por allá.
Obi-Wan se sube a su minúscula nave, que no obstante, es capaz de hacer recorridos de varios parsecs casi al instante y llega a Kamino, pues como ya se sabe, 'caminante no hay kamino, se hace kamino al volar'. El planeta es como el Mar del Norte, lluvioso, tormentoso, lleno de tremendas olas falsas de solemnidad generadas por ordenador y plataformas. Con gran amabilidad una clonadora, alta y delgada, anoréxica según el entender de una espectadora, y con una sospechosa similitud con los extraterrestres clonadores que salían al final de Inteligencia Artificial de Spielberg, otro engendro de la misma calaña, lo recibe y lo lleva ante su jefe, que es como ella, pero menos cintura. Allí le explica que hace diez años un jedi encargó para la república un ejército de clones y que en eso están. En efecto, fotocopiaron a un cazarrecompensas llamado Jango Fett, manipularon genéticamente a sus clones para que fueran sumisos y buenos guerreros, y le regalaron uno no modificado para que fuera su hijito. Al escuchar tal aberración moral, Obi-Wan no reacciona. Le da igual que se fabriquen en serie seres humanos manipulados con fines de esclavitud bélica; pero le pone los pelos de punta que tan formidable ejército haya sido formado, ya que una tropa así amenaza a la República. Porque hay Jangos de esos a patadas, millones, y encima los hacen crecer a velocidad acelerada. Los clonadores le dicen donde vive el donante y, cómo no, va a visitarlo. El principio la cosa va bien, pero pronto descubrimos que es el de la armadura (bueno, yo ya lo sabía y creo que todos los demás también). Otra pelea que desafía las leyes de la física elemental y Jango huye de nuevo con su hijo Boba (vaya nombrecito). Obi Wan utiliza entonces, ya que la Fuerza no ha servido para nada, el viejísimo truco de pegarle un transmisor a la nave para no perderlo de vista. Siguiendo las señales llega al planeta Geonosis, donde descubre al Conde Dooku conspirando. Ya iba siendo hora de que saliera Christopher Lee, que viste de negro y lleva una capa como el conde Drácula, ejem. Antes de ser capturado envía un mensaje contando todo el pastel que ha descubierto en el planeta, pero ay, qué contrariedad, la sede de Yoda está demasiado lejos para que le llegue la señal, así que la mandan a donde está Anakin, que ya no es Naboo, porque el chico tuvo una pesadilla sobre su madre y se largó sin permiso al planeta Tattoine, donde la dejó tirada años y años en manos de un esclavista sin preocuparse de ella para nada. Bueno, el hecho de que en el futuro se pueda transmitir con una simple antena parabólica a distancias de varios parsecs no deja de admirarme. En nuestro rústico tiempo las transmisiones entre la tierra y un lugar tan próximo como la luna sufren un desfase de minutos. Pero cuando hay millones de kilómetros de distancia, todo parece ser más fácil y rápido. Bueno, que los malos cuelgan a Obi-Wan en una especie de cápsula, y al poco recibe la visita del Conde Dooku, que para nuestra sorpresa se porta como su padre, es decir con una dulzura y amabilidad asombrosa. 'Únete a mi y gobernaremos juntos la galaxia' le propone el conde, con muy buenas palabras, y el idiota de Obi-Wan dice que no, que no le apetece mucho, la verdad, y el otro dice, pues bueno, vale, pero sin enfadarse ni nada. Antes, no obstante, el bocazas de Dooku va y le cuenta que el Senado está corrupto, cosa que el jedi, como es un poco tonto no se cree, cuando está claro desde el principio. A todo esto Anakin ha descubierto que a su madre se la llevaron unos que viven en el desierto y son malos de morirse. En un mes, su familia no ha logrado dar con ella, pero él sale de noche con la moto y no sólo encuentra el pueblo de la gente rara a la primera, sino que entra justo en la tienda donde está su madre. Como ya hemos dicho con anterioridad, la Fuerza todo lo justifica.
La mujer, que llevaba un mes allí, no sé sabe para qué, muere justo cuando van a rescatarla, la muy desagradecida. Anakin se lleva por delante a todo el poblado indio en venganza. Como ya han recibido el mensaje de Obi-Wan, lo mandan a Yoda. Amidala quiere ir a rescatar al cautivo, pero Anakin, inexplicablemente obediente dice que ha de cumplir las órdenes de Yoda. La chica no se arredra y al final lo convence. Pues bien, llegan al planeta Geonosis. Haciendo gala de una temeridad absurda se meten por un agujero de donde salen gases. ¿Y si hubieran sido tóxicos? No, no... La Fuerza lo habría detectado. Pero no todo son rosas. En el túnel ese hay un montón de bichos asquerosos que los persiguen, son como mosquitos gigantes. Empezamos a correr para poner el pellejo a salvo. Los robots vienen detrás, me refiero a R2D2 y C3PO. Y los chicos, un trecho por delante, encuentran una especie de fundición donde fabrican droides los malos. No han avanzado mucho las artes metalúrgicas en el futuro, ya que las cadenas de montaje y los crisoles de fundición son los clásicos de toda la vida, o incluso más rústicos y con más chispas. También son cosa vista las escenas que se suceden a continuación, con los protagonistas en peligro, sorteando martillos aplastadores sobre una cinta transportadora, etc... así que nos ahorramos la descripción. La parte jocosa del asunto está en el robot C3PO que sufre un descabezamiento, y por azar le colocan a su cuerpo la cabeza de un droide, mientras la suya la implantan en otro, con la consiguiente confusión mental del cibergracioso de la película, el único toque de humor que aparece en lontananza. El resultado de todo esto es que a Anakin y a la senadora los pillan. Y entonces, si al principio creíamos estar en El 5º Elemento, ahora todo tiene las trazas de Gladiator o más bien de Quo Vadis?, sólo que sin Nerón. Los llevan en una cuadriga sin ruedas (en el futuro ese entrañable avance tecnológico está desterrado por completo) al coliseo, que tiene un aforo que ni el estadio de Maracaná, y encima todo lleno de mosquitos de esos. En el centro, como ya nos imaginábamos está Obi-Wan atado a una especie de monolito como los de los circos romanos, y en otros dos ad hoc, esposan al Anakin y a Padmé. En la tribuna, los conspiradores mercaderes y el conde Dooku, con una cara de indiferencia mortal, por no decir de aburrimiento, contemplan la escena, pero nadie se fija en que la senadora, con una horquilla del pelo, ya se ha soltado de las esposas. Tanta Fuerza y al final lo que triunfa es lo clásico. Los mosquitos les sueltan al toro de Creta galáctico, un dinosaurio con muchos cuernos y la furia de un Miura, a la vez que multitud de monstruos de la más variada condición, incluida una araña-cangrejo de improbable fisonomía, saltan a la palestra. Bah, minucias. La Padmé se trepa a lo alto de la columna y los otros luchan contra los bichos asquerosos, y por supuesto, acaban con ellos, tras cabalgarlos, vapulearlos y hacerles todo tipo de perrerías. Como sobreviven contra todo pronóstico, el conde Dooku les manda al cazarrecompensas Jango Fett a que termine el trabajo. Ahora que lo pienso, no recuerdo muy bien si también les manda a los droides. Puede que sí, pero mi confusión mental tras dos horas es tal que ya todo me da lo mismo. El caso es que cuando todo parece desesperado, llegan los jedi, al mando de Mace Windu, y entonces sí, empiezan a rodar cabezas a diestro y siniestro. No recuerdo bien en que momento y cómo Obi Wan y su aprendiz recuperaron sus respectivos sables láser, pero ellos también rebanan que da gusto. El pobre Jango pierde la cabeza. De todas formas, los jedi no son tan superinvencibles como parecían, ya que al final son rodeados los pocos que quedan por los enemigos.
Dooku está contento, pero de pronto, otra sorpresa. Llega Yoda en una nave con todos los clones para dar caña a los separatistas. El conde Dooku realiza una 'retirada estratégica', se sube a la moto y se larga a toda pastilla como el Muláh Omar cuando huía de los yankis en Afganistán, y sin casco, dando mal ejemplo a la juventud. Obi Wan y Anakin lo siguen, mientras Yoda dirige una escabechina de mucho cuidado al mando de los famosos clones. Hay tantos disparos láser por fotograma que ya no se ve nada más. En un lance, Amidala cae de la nave donde van su novio e inexplicablemente no le ocurre nada. Obi Wan ordena continuar la persecución. Por fin Dooku llega al hangar donde tiene su nave dispuesta para la fuga. Los valientes Jedis deciden atacarle a la vez, dos contra uno, y encima contra un hombre de edad venerable. El honor y la caballerosidad de las galaxias es admirable. Pero Dooku, imperturbable el rostro, les da una paliza de antología con una mano, mientras con la otra apura la taza de té. La Fuerza es una porquería: vivan los villanos, viva Christopher Lee. Cuando ya tiene a los dos jovenzuelos en el suelo, a uno con la mano cortada y al otro con un tajo en la pierna, llega el asqueroso del Yoda e impide que les dé su merecido. Yoda, que en toda la película se mostraba achacoso, y caminaba trabajosamente apoyado en un bastón, de pronto tira bastón y saca el arma para enfrentarse el malvado de uno noventa y pico de estatura. Lleva las de perder, ya que Dooku la tiene más larga... la espada, quiero decir, ejem. Pero como quien no quiere la cosa, empieza saltar por encima de él y a moverse como si no tuviera artritis ni nada. Parece ser que el maestro jedi gana, pero Dooku con sus poderes mágicos arranca un depósito de la pared y amenaza con ir a dejarlo caer encima de los lastimosos jedis jóvenes que todavía siguen allí tirados. Entonces Yoda se distrae salvando a los ineptos y Dooku sale pitando con los planos de la Estrella de la Muerte, que antes le había entregado uno de los conspiradores. Al final, el malo se la entrega al supermalo, un tipo que se oculta bajo una capucha, pero que intuimos es el canciller Palpatine que al principio se hacía el bueno, y que en las últimas escenas está la mar de contento porque ha recibido poderes especiales para la guerra clon y tiene un ejército listo para dominar a diestro y siniestro. La cosa acaba con Anakin y Padmé casándose. Una boda un poco deslucida, sin invitados ni nada. Comentario El Ataque de los Clones es una película totalmente infantil, con escenas la mar de ridículas, persecuciones absurdas como de videojuego y personajes planos y carentes de expresión; pero he de reconocer que me reí, aunque no precisamente por el humor que destila. Antológico cuando Anakin declara su amor a la Amidala y le dice que 'hay algo suyo que crece y crece' cuando se acerca a ella. Imagínense las risas en el cine. Es que la gente es tan maliciosa... Yo también me partí de risa al final cuando los comerciantes aquellos, ante el ataque de los clones, le dicen al conde Dooku: "¡Esto no pinta nada bien!"... No se puede resumir mejor la impresión que produce la película... Además parece hecha de plagios y autoplagios, de trozos sacados de aquí y de allá: algunos lo llaman 'guiños' o 'referencias', pero supongo que se refieren a lo mismo (¿Hay alguna película de aventuras que se precie donde no aparezca la típica escena de la cinta transportadora? A mí me viene a la memoria 'Indiana Jones y el Templo Maldito', qué casualidad, producida por George Lucas, jeje). No hay género que se libre, desde el western, hasta el cine de romanos (Gladiator, Quo Vadis?). Incluso las propias películas de la saga pergeñada por Lucas son saqueadas a conciencia, en especial 'El Imperio Contraataca', una de cuyas escenas aparece calcada. Y otra cosa diré: la gente que no está interesada en el mundo Star Wars no entiende ni papa de lo que sucede. La trama es muy confusa para las personas normales: nadie sabe quién mandó hacer los clones de marras ni nada de nada. En los foros de los frikis de esta saga las opiniones son extremas: para unos es basura, para otros, la octava maravilla del séptimo arte. Me lo he pasado mejor leyendo las críticas furibundas contra la cinta que viéndola, jeje. Hasta los fans más acérrimos de la Guerra de la Galaxias de la toda la vida, reconocen que los diálogos de la película no son 'shakespeareanos'; yo creo que no llegaban ni a ser diálogos... 'Mi querido padawan...' Eso no hay quien lo aguante. También es gracioso el monstruo ese que vive en Tatooine, el que era el amo de Anakin, que parece que habla con acento gallego. Me refiero, naturalmente, a la versión española doblada. Anakin es un 'cara de palo', engreído y chulesco; un poco mejor, su maestro, Obi-Wan; los demás, están de relleno. ¿Por qué es tan importante Jango Fett, porque salía su hijo en El Retorno del Jedi y había que meterlos de alguna manera aquí para satisfacer a los ávidos fans? Mucho me temo que en el Episodio III tendremos alguna visión fugaz de Han Solo y de Chewakcca o como rayos se escriba eso, para que todo encaje. Por fortuna, el horrible y cargante Jar-Jar Binks no sale mucho y habla menos. En cuanto al conde Dooku, me ha parecido un villano un poco blando, la verdad. Tenían que haberle dado unos diálogos más ingeniosos y más protagonismo, amén de mayor crueldad en la caracterización. Pero como algunos sugieren, será en el Episodio III donde se explique de qué va este tipo. Pero he de reconocer que vi la película sólo porque salía Christopher Lee, y tuve suerte, porque encima me tocó en un sorteo la entrada y la pude ver gratis. Y Christopher Lee es lo único que me ha gustado. Lo de la pelea con Yoda es un poco tonto, ciertamente, y todo el mundo se rió cuando el bichito verde y renqueante tira el bastón y se pone a dar saltos. Hay gente que se devana los sesos pensando cómo pudo suceder esto, si Yoda usó la Fuerza o qué... Ya se ve, ejercicios de pura filosofía o de metafísica. Lo cierto es que los fans de la saga tienen con esta película motivos para poner en funcionamiento el intelecto: como está plagada de incoherencias narrativas, hay cosas que chirrían demasiado como para ser pasadas por alto (¿por qué Owen Lars no reconoce a C3PO y a R2D2 en el Episodio IV si ya los conoció en el Episodio II?, ¿por qué Anakin encuentra a su madre secuestrada en un solo día cuando sus parientes llevan buscándola sin éxito más de un mes?, ¿por qué se muere ella justo cuando él la salva? Etc, etc, etc...) En resumen, como diría cierto crítico cinematográfico, 'una obra maestra del humor involuntario'... Aguardo con ansia la tercera (y esperemos) última parte...
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