Los pájaros (The Birds) 1963

En un pueblo costero las gaviotas comienzan a atacar a los transeúntes. Lo que parecía un hecho anecdótico se convierte en un grave problema y en una plaga asesina donde los pájaros atacan en masa a los habitantes del pueblo.

El gran maestro del suspense, el inglés Alfred Hitchcock, también se vió atraído por el terror, géneros ambos separados por una fina línea. Hitchcock había realizado 'Psicosis' en 1960, convirtiendo la adaptación de la novela de Robert Bloch en una obra maestra. La adaptación también estuvo influida por los asesinatos cometidos por Ed Gein, siniestro personaje de la crónica más negra de EE.UU., asesino, ladrón de cadáveres, caníbal, que sin buscarlo se convierte en un inspirador de producciones como la de Alfred Hitchcock o 'La matanza de Texas' (1974) de Tobe Hooper, que a la vez también estuvo muy influida por 'Psicosis'. Esto es todo un ovillo tan escatológico que a veces me pregunto ¿en que mundo vivimos y por qué atrae tanto la mierda?.

Dicen que el cine de terror sirve de catarsis de aquellos impulsos que guardamos dentro de sí. Nunca he estado muy de acuerdo de ello, porque nos reduce a todos los espectadores a meros psicópatas reprimidos que no nos atrevemos a dar "el primer golpe". Podría ser válido decir que sentir la emoción, o el miedo, del peligro en pantalla nos alivia las frustraciones que podamos tener de la vida diaria, lo que tampoco puedo estar muy de acuerdo con ello, pues al igual, nos reduce a pobres espectadores frustrados de la pobre vida que llevamos. Nadie es libre de una frustración pero nadie puede relacionar seriamente el ver una película de terror causado por frustraciones, reduce todo a algo sintomático y de psiquiatra. Obviamente, no ocurre en la realidad y los motivos son otros.

Olvidamos que es la curiosidad ¿a que? Al dolor, al peligro, a la tragedia, en una palabra, la aventura, la emoción. Hay espiritus más osados que otros y espíritus menos osados. No se puede afirmar categóricamente, pero tampoco negarlo a riesgo de caer en el error, de que el cine de terror atrae a los más osados, pero hay gente que no tiene el más mínimo sentido de la aventura o el riesgo y sin embargo se lo pasa en grande viendo una película de terror. En realidad, no hay un patrón común, y quien lo afirme se equivoca, que sirva para descubrir por qué hay gente a la que le gusta lo sórdido de la sociedad, como lo que hizo Ed Gein, o ve películas de terror, que no tienen por qué estar relacionados en absoluto y en verdad no lo están, tan sólo confluyen en ocasiones como puede confluir con el cine de acción.

Creo que todo se reduce a la activación de las endorfinas cerebrales, las cuales por ciertos detalles particulares que vemos nos dan placer (1): a alguien se lo da el ver sangre, a otro el misterio, a otro los gritos... Estas situaciones y sensaciones son las que nos motivan para ver "una de terror". Cuando vemos como un pájaro le pica la cabeza a Tippi Hedren sufrimos tambien dolor por empatía, y otro sentirá placer por sadismo; y cuando vemos cómo se cargan a un pájaro da placer porque acaba el peligro, y a otro le daría pena ver que lo matan, todo por empatía. Si nos gusta ver sangre puede que tanto misterio nos aburra, o nos guste oir gritos pero no ver sangre. Al estar todo en una película es por ello el género que nos atrae, por ello hay también tantos estilos y subgéneros como espectadores hay, pero también falta algo, el otro factor importante que realmente es el que define el cine de terror: el miedo, el susto, la impresión que esperamos es lo que nos puede hacer verla. En este caso a todos se nos tiene que aplicar este factor de sorpresa, de imprevisto, esa angustia mental, ese suspense.

¿Pero por qué nos atrae el suspense? Creo que son inclinaciones adquiridas por herencia. Todos los seres humanos nos parecemos pero tanto externamente como interiormente, hay diferencias, y "no todos somos iguales ni siquiera interiormente". La naturaleza humana es curiosa, pero también sabemos los riesgos que conlleva el peligro, podríamos morir o sufrir mucho daño, pero aún así deseamos algo que nos emocione, y quizás usemos la comodidad de nuestro hogar, o la sala de cine, de forma inconsciente como escudo protector frente a los peligros que vemos en pantalla, por ello nos ponemos ante la pantalla voluntariamente, para sentir el miedo, la emoción, a sabiendas de que nada nos puede pasar.

Si en el hombre primitivo y libre cazar un Mamut además de necesario para comer era emocionante, adrenalítico, la impresión de ese peligro y la secreción de adrenalina es aún tan fuerte que queda aún en nuestros genes humanos de la vida moderna, y nos sale cuando vemos emocionante las guerras, las luchas, el hombre, como dijo Nietzsche, es un salvaje con su interior domado por la civilización, que necesita liberarse de vez en cuando. El caso menos extremo para evitar autodañarse es la contemplación de situaciones de peligro, pero es, sin olvidarnos lo principal, porque nos da placer y en su caso, puede aliviar cierta tensión cotidiana, con lo que se añade esa famosa catarsis, pero esta es sólo un mero accesorio al servicio del verdadero sentimiento, el placer. Una civilización tan guerrera como la romana, en continua guerra con sus vecinos del mundo conocido, necesitaba juegos de gladiadores para calmar a las masas que no iban a luchar. Y a día de hoy cualquier partido de futbol se convierte en placer por el desahogo de la rabia y la ira. En realidad en este terreno futbolístico sí se puede aplicar el término frustración con más propiedad que en el cine de terror, pues un espectador no grita ni insulta a la pantalla. Lo básico del hombre sigue ahí, acechando, en el maldito subconsciente humano y es común a todos: el ser salvaje. El "ser divino" es un postizo que no tiene ningún fundamento, sólo es una idea generada por ociosos.

El ser espectador de una película de terror no significa ser un héroe de acción, tremebundo luchador cotidiano contra el mal (o el bien), es una evasión, es otro factor clave: a veces nos sirve de evasión de la rutina diaria. Y la otra palabra clave es rutina, que se añade a cuentagotas y según los casos de las vivencias diarias. Es dificil negar que la vida moderna y convencional generalmente es aburrida, y aunque nos llegue a gustar esa monotonía diaria, la rutina de hacer lo mismo no da mucha diversión, pero nos puede gustar porque da seguridad. Quizás sea suficiente la sensación de seguridad que aporta el tener salvaguardado el presente y el futuro (o parte de ellos), que al fin y al cabo es más importante en un mundo tan, contradictoriamente, frente a la rutina que nos creamos para vivir bien, imprevisible. Aristóteles decía que cada caso era particular, y se sigue cumpliendo esa máxima.

Podemos saber por qué se ve una película de terror, alejándonos de los clichés comerciales que nos venden, la moda, la propaganda y el marketing, o "porque la ve todo el mundo". La respuesta de por qué vemos una película de terror se resuelve atendiendo al caso particular del que la ve, y el ser humano es un universo tan complejo que sólo pueden existir indicios de esas motivaciones: el principal es el placer, en segundo lugar la curiosidad, y en mucha menor medida la catarsis y el alivio de las frustraciones (2). La condición genética realmente también es subsidiaria pues hay muchos condicionantes genéticos que confluyen entre sí disminuyendo o aumentando las inclinaciones heredadas, por lo que los hábitos pueden cambiar. El principal es el placer.

Para Alfred Hitchcock, gran comensal, el placer no se quedaba sólo delante del plato de la comida, sino en hacerlo pasarlo "mal", en teoría, porque los espectadores disfrutan con lo que les ofrece, Hitchcock daba placer. También era, no obstante, un poco sádico por su intención de hacérselo pasar "mal" al espectador. Los términos de bien y mal son, obviamente, relativos. (3)

En 'Los pájaros', Hitchcock logra unir el suspense, en lo que era un experto, y el miedo, el susto, la fatal impresión. En 'Psicosis', el miedo era más acentuado, en 'Los pájaros' el miedo sigue la fina línea que lo separa del suspense y además se duplica por la impresión, necesario. No se puede esperar un registro lógico de los acontecimientos al tratarse de animales salvajes que viven en libertad en la naturaleza, y de los cuales no se puede esperar un comportamiento acorde consecuente con la mentalidad humana. En cambio, en 'Psicosis', se trata de una presencia humana real en pantalla, alguien que te puede matar, y es lo que marca la gran diferencia con 'Psicosis', donde el miedo surguía de la revelación de una naturaleza humana podrida y alterada que a la vez que era amable podía matarte, incluso sonriendo, en un ambiente convencional y cercano como una casa.

Todos los prejuicios que se crean debido a la creencia de que una persona amable no te puede hacer daño, en 'Psicosis' se esfuman, lo que produce la impresión del miedo y el rechazo instintivo del espectador hacia la cercanía de la amabilidad, y entonces, ¿en qué creer? ¿en quien confiar? ¿en la benevolente persona amable o en la antipática persona que te gruñe? La flagrante contradicción de esta arraigada creencia social de confiar en alguien amable frente a lo que nos muestra Hitchcock, es lo que nos produce el rechazo y es lo que nos causa el horror y esa extraña inquietud corporal, más que los asesinatos en sí cometidos por Norman Bates, que al fin y al cabo, a ningún espectador le importa lo que les pasó más allá de la idea de revelar el misterio (4).

En 'Los pájaros' el drama nos es más ajeno, más impersonal, irreal, aunque más efectista, el ataque, por motivos desconocidos, de unos pájaros contra el ser humano. De tan raro, casi de ciencia ficción, lo que nos hace verlo desde una lejanía mental y a la que con lógica se le puede acusar de cumplir todos los requisitos del cine de terror más propio: sustos, gritos, gente histérica, adrenalina suelta en contraposición con lo calmado que fue 'Psicosis' donde la acción era a cuentagotas repartidas en dos momentos: el ataque en la ducha y en la escalera, si no contamos el descubrimiento final. Que la acción era a cuentagotas no implicaba menos emoción: la música aumentaba el suspense, y los personajes en solitarios en su aventura de investigación aportaban la necesaria tensión. 'Psicosis' lo tenía todo de forma apropiada usando los componentes del miedo de una forma u otra. Y entonces descubrimos que Norman Bates estaba loco ¿como puede ser? ¿la locura no es para esos que gritan, ponen ojos en blanco y se retuercen en el suelo? Norman Bates no lo parecía, era tan normal, y aquí surge el miedo, la desconfianza, el no saber quien está loco y quien es en realidad ese que se oculta tras una sonrisa y una palabra amable.

'Los pájaros' es un ejemplo de lo que ocurre en la mente del fan al ver una película de terror, emocionante pero pasajero; 'Psicosis' es un ejemplo de nuestras pesadillas y nuestros miedos. Una vez vista 'Psicosis', esta parece quedarse en el aire, como los pájaros aquí parecen acecharnos desde la altura oteándonos de un día para otro, vigilantes; visto 'Los pájaros' estos desaparecen y se van volando. Por eso triunfa una, por eso la otra la sigue. Ambas, a tener.

Los pájaros (The Birds) 1963. Director: Alfred Hitchcock. Intérpretes: Tippi Hedren (Melanie Daniels), Suzanne Pleshette (Annie Hayworth), Rod Taylor (Mitch Brenner), Jessica Tandy (Lydia Brenner), Veronica Cartwright (Cathy Brenner). Duración aproximada: 119 minutos.

Blu-ray

(1) Sí, existe sin duda este sentido, el placer, de esta forma hay algo de masoquismo intrínseco, pero las palabras son solo eso, palabras y definiciones que alguien creó. Nadie se produce dolor por que le duela sino porque le da placer. Las endorfinas logran que la personas sientan más o menos dolor.

(2) Puede haber alguien que quiera aliviar su dolor viendo sufrir a otros en pantalla pero no es lo habitual. En este caso imperaría también el sadismo, derivado del resentimiento que da salida a la frustración producida por una situación determinada.

(3) Un telefilme, 'The Girl' (2012), de Julian Jarrold, relata la tortuosa relación entre Alfred Hitchcock y Tippi Hedren. Los términos de bien y mal aquí se difuminan por completo y son completamente contradictorios atendiendo al que hace y sufre el daño. Hitchcock disfrutó haciendole la vida imposible a Hedren y esta lo pasó realmente mal, tanto, que incluso su carrera en el cine se acabó.

(4) Ninguna víctima estaba libre de tachas: la madre era una casquivana que maltrataba a su hijo, y la secretaria era una ladrona y parece deducirse, aunque de forma velada, que cada cual tuvo su merecido debido a sus malas conductas, y que estas llevan a la perdición. ¿Quien no ha pensado alguna vez?: si no hubieras robado no te hubiera pasado nada. Al ser otra arraigada creencia social, con más de sentido común que el resto y en cierto sentido con más atisbo de realidad, de que hay que actuar decentemente, y como el robar y el adulterio no entran dentro de esa moralidad de decencia, los castigos a esas conductas parecen extrañamente recibir la aprobación del público, aunque sin mucho alboroto (al haber víctimas). Incluso en 'Los pájaros' se aplica esta creencia: cuando vemos cómo se matan a los pájaros que atacan (a los pocos que pueden aplastar, por cierto) son aplastados con la algarabía aprobatoria del público por el hecho de que atacan a la gente y por tanto, es lícito defenderse de sus ataques, castigarlos por algo malo que han cometido.